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viernes, 10 de julio de 2020

"Utopías en la Paranoia". Lo nuevo de Entierro Prematuro.




En un mundo donde las nuevas tecnologías posibilitaron la producción independiente y se acrecentó la oferta a niveles exponenciales, cuesta encontrar un disco que te atrape a primera escucha. 

Si nos pusiéramos a enumerar los discos que te hagan hervir la sangre desde el primer segundo, cada uno tendría su propia lista.
A partir del viernes 3 de julio, la mía cuenta con un nuevo título de Entierro Prematuro, banda punk oriunda de Lanús. 

Su trabajo anterior, "Crecen los Gritos", databa de 2013 y había dejado la vara muy alta, por lo que la expectativa era elevada. Más aún, teniendo en cuenta los últimos recitales donde anticiparon algunas canciones.
Y lo hacen en poco más de media hora y diez temas que impecablemente grabados, con un sonido excelente, a cargo de Nicolás Villafañe y los asistentes: Marcelo Belen y Agustín Perrotta.
La producción artística estuvo a cargo de la propia banda y el arte de tapa es obra de Max Vadalá

"Utopías en la Paranoia" demuestra el gran momento que están viviendo y se alejan de la zona de confort del género para adentrarse en otras aguas como el grunge, el rock alternativo y la psicodelia de los ‘70 en “Si Me Alcanza” y la balada heavy en la sublime “Diferencias".
Desde el primer tema, “Abusos y Gatillos” salen con todo. Con un arsenal de potentes y logradas composiciones que sirven de base para apuntalar unas letras crudas, combativas y de denuncia social que no pierden la luz de esperanza y el empuje. 

Es difícil encontrar algún tema que destaque en esta selección de gran nivel, con la solidez de una batería impetuosa, a cargo de Agustín Rodríguez, contundente y con sutiles arreglos que aportan los matices que cada canción necesita. El sonido que le supieron imprimir a cada parche es fabuloso. El bombo te golpea en el pecho como el rugiente marcapasos que inicia la ebullición sanguínea.


 
En el bajo y voz está Esteban Ravale, quien dispara bases firmes con arreglos precisos, casi quirúrgicos, al servicio de cada composición. Filoso por momentos y con alguna distorsión en otros, pero siempre hermanándose con la batería para crear una fortaleza inexpugnable.

Las guitarras levantan vuelo y se florean en los dedos de Gabriel Fernández, quien también participa en los coros y algunas voces, además de dibujar magia en cada intervención. Sus suaves pinceladas en los momentos calmos y excitantes despliegues volcánicos en los momentos más álgidos te harán levantar vuelo para tomar dimensión de la obra que estás disfrutando.


Toda esta orquestación da paso a unas voces potentes, seguras de sí mismas y con peso propio. Como en el tango: que no se canta, sino que se dice. En estas diez canciones no se canta. Se dice y se vive. Te contagian, te hacen hervir la sangre y tienen los matices perfectos que cada tema necesita. Y no se quedan allí, sino que aportan interesantísimos arreglos armónicos a lo largo de un disco que te abofetea con la contundencia de aquellos que prometen erigirse como clásicos.




*Fotos por Antonella Delle Donne.

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